Cuando los gritos inundan tu casa
Ya sé que esto de los videojuegos es un tema muy manido y estáis hartos de que tanto yo como todos mis compañeros y compañeras de profesión os aconsejemos: que si dejar x horas de juego, que si ojo con los juegos violentos…
Pero a mí hay algo que me preocupa mucho porque pasa muy frecuentemente y no se le pone remedio y termina siendo un problema grave: el tema de los “niños rata”.
¿Qué es un “niños rata”? pues el que se toma en serio esto del juego y se enfada mucho cuando pierde y grita. Os recomiendo el rap de Zarcort que explica bien esto: https://youtu.be/4D6OvMlY9zo
¿Cuándo se convierte en un problema? Cuando mamá o papá, hartos de escuchar los gritos del niño, se meten en medio, se enfadan, le quitan el juego… lo que empeora el enfado del niño que puede llegar incluso a agredirles físicamente. Luego llegan los lamentos de todos, el sentimiento de culpa del niño que promete no volver a hacerlo, claro, porque él no quiere hacerlo. Pero vuelve a hacerlo. Y se vuelve a repetir el mismo ciclo que acaba mal de nuevo.
¿Os suena?
Pues es fácil acabar con eso:
Primero, enséñale el rap que te he dicho antes. Lo negará, pero se sentirá identificado le guste o no.
Segundo y último: no intervenir. Déjalo que se le pase solo. Con un poco de suerte le dará un golpe a la consola o al ordenador, lo estropeará y os libraréis del tema una temporada.
Pero como eso no ocurre (no son tontos), pues dejarlo en paz. Que pase su berrinche. Luego, cuando esté tranquilo, tenéis la conversación de “jugar tiene que ser divertido, no te hemos comprado el videojuego para que sufras. Qué podemos hacer para evitar que ocurra. ¿Es una cuestión de tiempo de juego, que cuando te estás cansando ya eres más torpe y pierdes? ¿es que te estás empeñando en un juego de un nivel mayor al que tienes?… en fin, diálogo. Nada de culpabilizar al juego, ni al niño, ni hacerle sentir culpable.
Porque si se siente culpable lo que pasa es que su autoestima se ve dañada y con ella su capacidad de afrontar situaciones frustrantes como la de perder en un juego.
La clave es que cuando un niño se siente culpable, no solo experimenta malestar emocional: también ve comprometida su autoestima, y con ello disminuye su capacidad para gestionar situaciones frustrantes, como perder en un juego o tolerar límites. La culpa activa un ciclo interno en el que interpreta los errores como fallos personales, no como oportunidades de aprendizaje. En ese estado, cualquier contratiempo se vive con más intensidad, y es más probable que aparezcan conductas desproporcionadas, como los gritos o la evitación de actividades competitivas.
Cuando la culpa se instala, el niño deja de confiar en sus recursos y empieza a anticipar que volverá a equivocarse. Esto genera inseguridad, rigidez y una necesidad excesiva de control. Por eso, ante una derrota, puede reaccionar con rabia, llanto o enfado: no está respondiendo solo al juego, sino a la sensación interna de no ser “suficiente”. Además, los gritos —ya sean propios o de los adultos— intensifican esta vivencia, porque el niño interpreta el volumen y el tono como señales de desaprobación.
Comprender este proceso permite intervenir de forma más respetuosa: acompañar la emoción, validar el esfuerzo y enseñar que perder forma parte del aprendizaje fortalece su autoestima y reduce la aparición de gritos y explosiones emocionales.
Hacerme caso, ¿vale? Y si quieres saber más sobre los gritos en la infancia, entra aquí: NIÑOS QUE GRITAN: cómo acabar con los gritos de la infancia. 3 claves nada más. – Esther Claver
#ungestocambiatuvida





