QUEMADOS POR…¡LA PARENTALIDAD!

Os cuento una historia de una familia real. Cambio los nombres por aquello de la privacidad, obviamente. Lorena y Juanjo planificaron muy bien la construcción de su familia. Tuvieron a sus tres hijos en intervalos de 1 año para que no se llevasen mucho tiempo y jugasen juntos. Lorena dejó de trabajar para cuidarlos y cuando ya todos estaban en el cole, se planteó volver al trabajo porque además necesitaban el dinero. Juanjo trabaja muchas horas y viaja a menudo, por lo que la mayoría de la carga familiar recae en ella. Bueno, lo va llevando más o menos bien hasta que el mayor tiene un accidente y necesita mucha fisioterapia y el pequeño tiene grandes dificultades de aprendizaje, lo que requiere de ella mucha atención. De ser una madre divertida, sensible y cercana, se ha convertido en una especie de robot obsesionado con el reloj y las responsabilidades. Está exhausta. Juanjo vuelve a casa y se encuentra una situación muy diferente a la que habían soñado cuando planificaban su maravillosa vida en familia.

Están sufriendo una especie de “queme” a la paternidad/maternidad. Y ¿sabéis qué es lo que ocurre cuando unos padres se queman? Que se distancian emocionalmente de sus hijos. Cumplen a la perfección con sus obligaciones estructurales pero corren el peligro de no nutrir de forma adecuada afectivamente a sus hijos.

Y no solo eso, hay estudios que revelan que este tema del “queme” parental aumenta significativamente el peligro de negligencia parental e incluso de violencia. También se ha visto que puede aumentar enfermedades tanto en padres y madres como en los hijos.

Una vez más aterrizamos en la importancia de la nutrición emocional y afectiva de padres y madres a hijos.

¿Cómo evitarlo? Bueno, cada familia es un caso a parte y tiene su propia solución, ya que depende de muchos factores: personalidad de los padres y madres, de los hijos, funcionamiento familiar…. y yo creo que sobre todo tiene que ver con las expectativas. Si luchamos y luchamos por conseguir que nuestra vida sea lo que creemos que tiene que ser… nos perdemos la oportunidad de vivirla plenamente y corremos el riesgo de “quemarnos” por el camino.

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