Está sobradamente probado que tener sentido del humor es garantía de buena salud y longevidad.
Además, poder reírse de uno mismo facilita relativizar los problemas y hacerlos más manejables. Como Churchill decía “el humor es una cosa muy seria”.
Pero reírse parece que está mal visto a veces. Por ejemplo, en el mundo laboral. Si estás en un equipo de trabajo y haces una broma, te conviertes en un miembro no “fiable”. Esta percepción nace de una cultura organizacional que asocia la seriedad con la competencia, como si el humor restara profesionalidad o capacidad de concentración.
En realidad, ocurre justo lo contrario: el humor bien utilizado mejora la cohesión del equipo, reduce la tensión y favorece la creatividad. Sin embargo, muchas personas, especialmente con la edad, internalizan la idea de que mostrar espontaneidad puede interpretarse como falta de rigor, y por eso reprimen comentarios que antes les salían de forma natural. Este autocontrol excesivo no solo empobrece las relaciones laborales, sino que también alimenta un locus de control más externo: si siento que no puedo expresarme con libertad, acabo creyendo que el entorno manda sobre mí y que mi comportamiento debe adaptarse a normas rígidas para “encajar”.
Como consecuencia, nos acostumbramos a reprimir la risa y las bromas. Finalmente, nuestro cerebro aprende y ya nos cuesta ser naturales al respecto.
Otra causa de esta pérdida progresiva de sentido del humor está, como mi buen amigo Jorge de Vega me ha apuntado, en la “costumbre”. Como él dice: “ya nos sabemos todos los chistes”. Esto tiene que ver con la capacidad de sorpresa. Acumulamos experiencias, nuestro cerebro aprende y aprende y ya no nos sorprendemos fácilmente, lo que repercute directamente en nuestro sentido del humor.
Entonces, ¿las personas que mantienen su capacidad de reír intacta a lo largo de su vida, es que no aprenden? No, claro, eso no es así.
Yo creo que lo que pasa es que aquí entra en juego lo que los psicólogos llamamos el “locus de control”, que es como un filtro que tenemos para procesar las experiencias de la vida. Hay personas que perciben que lo que les pasa tiene que ver con su propia conducta, con su forma de ser, creen tener cierto control de lo que les pasa. Sin embargo hay otras que creen que todo es resultado de la suerte, que aunque pueden hacer cosas y las hacen, al final es “el destino” quien decide.
Aquí te explico sobre cómo cambiar tu “locus de control” en 4 pasos:
1.- Identificar nuestros patrones mentales: observar cuándo atribuimos lo que nos ocurre a factores externos sin valorar nuestra influencia. Este análisis inicial es clave para reconocer automatismos que llevan años funcionando sin que los cuestionemos.
2.- Reformular esas interpretaciones para recuperar una mirada más realista y menos fatalista. Sustituir explicaciones rígidas o fatalistas por otras más equilibradas, preguntándonos qué parte del problema sí depende de nosotros y qué parte no. Esta relectura cognitiva reduce la sensación de impotencia y abre espacio para la acción.
3.- Actuar sobre lo que sí depende de nosotros, aunque sea mínimo, porque cada microacción fortalece la sensación de agencia. Pequeñas decisiones diarias, como ajustar una rutina, pedir ayuda o expresar una necesidad, que refuerzan la percepción de agencia y construyen un locus de control más interno.Aquí te dejo un tutorial para hacerlo: NECESITAS PENSAR BIEN UN PLAN – Esther Claver
4.- Reconocer los resultados obtenidos, integrando la evidencia de que nuestras decisiones sí generan cambios. Integrar conscientemente la evidencia de que nuestras acciones generan cambios reales, por pequeños que sean. Este reconocimiento final consolida el aprendizaje y favorece recuperar la ligereza, la flexibilidad y el humor que a veces se diluyen con la edad. Para no caer en el síndrome del impostor, haz esto: https://youtu.be/G1huQTA8-io?si=0DjXHAVAa6WmpPu_
Este proceso no solo mejora la percepción de control, sino que también facilita recuperar la espontaneidad y el humor que a veces se diluye con la edad.
En definitiva, creo que lo que diferencia a las personas que mantienen su sentido del humor y las que no, es la forma de procesar las experiencias de la vida.
#ungestocambiatuvida





