POR UNA NUEVA ESCUELA:

Estamos siendo testigos de un momento único en la historia. La pandemia del COVID19 ha puesto de manifiesto, entre otras cosas, que nuestro sistema educativo precisa de un profundo cambio.

En estas líneas voy a exponer lo que, a mi juicio, habría que implementar desde ya.

Un poco de mí:

Allá por los años 90, yo estaba de profe en el Colegio Español de Malabo (Guinea Ecuatorial), contratada por la Cooperación Española. Tenía una clase de 30 niños de 3 a 5 años (el antiguo Preescolar) a los que debía enseñar a leer y escribir. Eran todos guineanos (salvo un par de Españoles) de diferentes tribus: Fangs, Bubis o Combes. En sus casas hablaban en su idioma y más o menos todos hablaban español, lengua oficial del país. Imagínense la dificultad para enseñar una lengua. El cole no tenía medios, ni material, ni tiza (con un 90% de humedad ambiente era muy difícil de usar) y ni mucho menos internet, claro. Era yo la que me traía desde España cartulinas, papel de celo, rotuladores, ceras y demás. Hacía carteles con canciones y poesías (de su cultura popular) que colgaba en las paredes (y cada mañana, antes de que llegaran los niños, tenía que volver a colgar porque con la humedad el papel de celo o la cinta americana, se caían). Todas las mañanas al entrar, cantábamos y recitábamos mientras yo iba señalando cada frase en las cartulinas que digo (tipo Karaoke). Ellos, evidentemente no sabían lo que ponía ya que aprendíamos antes la canción y después el grafismo (en realidad es así como aprendemos de forma natural nuestra lengua, ¿me equivoco?). De allí, extraía frases, en otras cartulinas, las repartía y cada uno tenía que empezar por la que tocaba y recitarla o cantarla. De ahí pasábamos a las palabras y posteriormente a las letras. Además, usaba carteles con los nombres de todas las cosas que había en la clase (incluso un ratoncillo de bosque que teníamos como mascota), su nombre en su sitio… en fin, lo que se llama el “método global” de enseñanza de la lectoescritura. La mayoría aprendieron así a leer y escribir. Hubo otros que precisaron otros métodos (no a todos los niños les va bien el método global). Pero para eso tenía una estrategia muy eficaz: la clase por “rincones”. Cada niño tenía su propio plan de aprendizaje y pasaba por cada rincón. Estaba el rincón de las construcciones (siempre con material de “reciclado” que traían las propias familias) donde aprendían conceptos matemáticos resolviendo retos en forma de juegos, el rincón de los cuentos (la mayoría fabricados por mí), donde podían seguir con su aprendizaje natural de la lectoescritura y donde los niños del método “silábico” o “fonético”, podían aprender a construir a partir de fonemas, sonidos… unas veces de forma libre y otras guiados por mí más estrechamente (no necesitaba que ninguna profesora de apoyo se llevara a estos niños). Había el rincón del “jardín” donde las actividades tenían que ver con la naturaleza, el del “silencio” donde había la oportunidad de trabajar con las emociones para los que estaban tristes, o enfadados, el de la “música” donde con una simple flauta (que me enseñaron a tocar cuando hice mi carrera de Magisterio en Huesca), botes rellenos de semillas, panderetas, etc. hacíamos virguerías. También tenía un casete de los de cinta (algunos seguro que no saben de lo que hablo), donde ponía canciones infantiles en los ratos en los que veía que los niños necesitaban desahogar un poco su energía con una actividad libre. Había ratos de trabajo individual, otros de trabajo en parejas, otros en pequeño grupo y otros asamblearios.

Cada niño aprendía a su ritmo, a través de la infinidad de actividades de diferente dificultad. Sin “niños de apoyo”, sin “ACNEAES”… simple creatividad, saber hacer y sobre todo GANAS.

Creo que mi formación en la Escuela de Magisterio de Huesca (dirigida por Doña Gloria Medrano) fue excelente.

Estuve un par de años en Guinea y fue precisamente allí donde empecé mi carrera de Psicología por la UNED. Me di cuenta de que más que la práctica docente en esta etapa, me divertía e interesaba más investigar cómo ayudar en el aprendizaje, bucear en la mente infantil para estudiar todo lo que las neurociencias, a través de los años, han ido descubriendo. Y luego llegó la práctica social y la clínica, años trabajando en ONGs y en mi consulta para, a partir del 2007 acceder a la docencia universitaria en la misma Escuela (ahora Facultad) en que yo, hace mil años, aprendí que ser Maestro o Maestra es la profesión más importante del mundo.

¿Cuáles son las claves del éxito?

Soy una persona muy “tecnológica”. Siempre me ha fascinado la forma en que la tecnología se adelanta a nuestras necesidades. El mundo de los videojuegos, por ejemplo, me ha atraído mucho. No soy una jugadora empedernida, no tengo tiempo, pero sí le dediqué el suficiente (sobre todo cuando mi hijo era pequeño) como para fascinarme con su funcionamiento. Veía cómo mi hijo era capaz de aprenderse de memoria (y en inglés) las características de los personajes, memorizar mapas tridimensionales para resolver eficazmente una misión… Como profesional que trabaja con la mente humana y dedicada en parte a la profesión de docente de futuros docentes, decidí investigar más. Y es que la industria de los videojuegos ha sabido aplicar los avances de las neurociencias en su beneficio. Por ejemplo,  Fornite (videojuego de moda) facturó en el 2018 más de 1 billón de dólares. Algunos dicen que es porque es “adictivo”. Puede ser, no niego que todo lo bueno es susceptible de crear una adicción, el cerebro busca aquello que le hace sentir bien. Entonces empecé a preguntarme por qué no aplicar lo mismo en la docencia. Para no alargarme más aquí con esto, les invito a ver un documental que grabamos con el centro de la UNED de Barbastro:

En definitiva, el cerebro aprende mejor cuando el método de aprendizaje es EMOCIONANTE, cuando puedes aprender a tu ritmo, a tu nivel y además puedes compartir lo aprendido con otros con tu misma motivación: avanzar. Fíjense que el “premio” que un videojuego te ofrece por aprender algo es precisamente seguir aprendiendo más. Fuerte, ¿no?

Sin embargo, en la escuela de hoy, el premio por aprender es “aprobar”, o peor aún, “no suspender”. Y si suspendes, no se te anima a que pruebes una y otra vez a que te salga (mientras te diviertes intentándolo), sino que se te lleva a la “casilla de salida” (repetir curso) con un letrero que te señala como fracaso.

Otro aspecto muy potente de la metodología gamificadora de los videojuegos tiene que ver, como ya he dicho, con el que puedes aprender a tu ritmo y a tu nivel. Esto es algo que la tecnología facilita mucho. La docencia on line lo aplica como eje principal de su método. Tienes recursos en forma de textos, vídeos, juegos interactivos, autoevaluaciones, etc. No pasas de nivel hasta que el anterior está alcanzado y mientras tienes tutoriales y tutorías presenciales (en videollamada) que te apoyan en tu recorrido de aprendizaje.

En estos días en los que los docentes han tenido que convertir lo presencial en virtual, se han dado cuenta (o al menos eso espero) de que es totalmente ineficaz pretender que todo el alumnado lleve el mismo ritmo y aprenda en su casa con los mismos métodos que se usaban en el presencial. Hemos sido testigos (yo, como madre, así lo puedo testificar) de verdaderos fiascos. Les invito a ver esta “pildorilla” que hice al respecto del abuso de mandar “resumir PDFs”:

Y es que el mundo on line parte de un paradigma diferente. Es el sistema el que se adapta al alumnado, no al revés. No se trata solo de llevar lo presencial al on line  a través de clases mediante plataformas como zoom o google meet, ni de pasar documentos, actividades y ejercicios a los alumnos a partir del libro de texto de turno. Se trata de crear contenidos a diferentes niveles para que cada alumno lleve su proceso. Evidentemente, no hay que olvidar las actividades grupales (en forma de juego interactivo, por ejemplo). Y, en cuanto se pueda, volver a unas aulas totalmente transformadas en laboratorios de aprendizaje y no en espacios unidireccionales donde el profesor es el protagonista.

Conste que no me invento nada. La metodología de “aula por rincones”, a la que me refiero al principio, lleva muchísimos años inventada. Esta metodología ayuda a alternar el trabajo organizado con el trabajo libre. Los materiales y las propuestas de trabajo que en cada rincón encuentran los niños y niñas hacen posible su interacción con el entorno. El trabajo por rincones, como ya se ha dicho más arriba, responde a la necesidad de establecer estrategias organizativas que den respuesta a los distintos intereses de los niños y las niñas y que a la vez, respeten los diferentes ritmos de aprendizaje. Los rincones son zonas del aula, adscritas a ámbitos o áreas concretas, en los que pueden realizarse simultáneamente diferentes actividades, bien individualmente o en grupo, posibilitando que la acción del alumnado sea en general, libre y autónoma.

El respeto al proceso de desarrollo de los niños y niñas es absolutamente necesario. Todas las leyes de educación recogen esto como un derecho indiscutible. Pero luego diseñan los centros educativos partiendo de la Teoría Piagetiana del desarrollo. No me voy a meter con Piaget, sus aportaciones son indiscutibles. Pero se le ha interpretado mal y se ha diseñado todo un sistema basado en “edades” y no en nivel madurativo. Les invito a ver una alternativa a Piaget que también lleva bastantes años descrita: los Niveles Armónicos del Desarrollo. El Dr. Moyá (1960) y su equipo, diseñaron una descripción del desarrollo del niño mediante parámetros y niveles, nunca de edades.

Esto lleva, ineludiblemente a cargarnos de un plumazo el sistema de evaluación actual. También cualquiera de las leyes que tan bien se redactan en los despachos, recogen la obligatoriedad de evaluar a cada alumno según su propio potencial. Bien, pues si cada uno aprende a su ritmo, la evaluación debe ser individualizada. Nadie se queda atrás.

De nuevo, todas las leyes de educación señalas como importante otro aspecto que luego se olvida de extrapolar al día a día del aula: el derecho del alumnado a aprender según sus propias fortalezas. Y quién mejor que Howard Gardner y su Teoría de las Inteligencias Múltiples para darnos las herramientas por las que descubrir cómo van a aprender mejor nuestros alumnos. Esto lleva de forma directa a olvidarnos de un sistema basado en las “debilidades” para pasar a otro centrado precisamente en lo contrario: en las “fortalezas”. Me explico: en vez de tener que generar “aulas de apoyo” donde los niños señalados como “imperfectos” van a “rehabilitarse”, veamos en esos niños sus fortalezas y diseñemos actividades en las que puedan participar a su nivel usando dichas fortalezas para paliar sus debilidades. On line o presencial da igual: es una cuestión de esfuerzo en el diseño. 

Y de nuevo nos cargamos el sistema de evaluación actual, más centrado en la capacidad memorística del alumnado que en lo que verdaderamente importa: saber resolver problemas de la vida mediante habilidades y destrezas propias y/o ajenas.

El esfuerzo de diseño al que me refiero,  lo hicimos durante dos cursos con mi alumnado de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca. Diseñamos lo que llamamos un “aula inclusiva” partiendo del marco teórico descrito brevemente más arriba. Puedes descargarla aquí:

https://estherclaver.com/wp-content/uploads/2020/05/AULA-INCLUSIVA-ISBN.pdf

¿Y qué quieren los niños?

Francesco Tonucci Investigador del Instituto de Psicología del Consejo Nacional de Investigaciones de Roma, ya hace 30 años al menos que les pregunta a los niños sobre qué escuela quieren. Hasta hoy se le ha hecho caso en algunas cosas, como por ejemplo, y sin irnos muy lejos, el proyecto “La ciudad de los niños y las niñas” que se lleva a cabo en la ciudad de Huesca siguiendo un modelo por él diseñado.

Me he tomado la libertad de plasmar algunas de sus conclusiones en un vídeo que recoge lo que los niños quieren que sea la “Nueva Escuela”:

¿Y la relación familia-escuela?

Mención aparte merece este aspecto. Lo que está claro es que llevamos décadas sin trabajar en equipo. De nada sirven las Amypas (Asociaciones de madres y padres), bueno, sí, para organizar eventos, excursiones, algunas extraescolares y poco más. De nada los Consejos Escolares que, aún con buena voluntad, se pierden en una maraña burocrática espeluznante. La relación de las familias con sus centros educativos, con los docentes, va más allá de una tutoría al trimestre en la que la relación con las familias, de nuevo, es totalmente “lineal”, donde el profesor es el experto que dice “cómo va tu hijo” y por qué no va mejor, que suele ser por “culpa” de la familia, claro, que no le pone todo el empeño que precisa el niño en cuestión. Esto, por definición, crea un tipo de relación asimétrica en la que solo cabe un cruce de reproches y culpas que a nada llevan.

Para evitar ésto, propongo introducir en la llamada “Comunidad Educativa” un concepto más sistémico. Sin víctimas ni victimarios, donde se reconozcan los recursos y fortalezas (una vez más) de todos y cada uno de los implicados. Creo que el Modelo Sistémico de Intervención da un buen soporte para aplicar lo que digo. En mis clases de la Universidad me empeño en dotar a mi alumnado de las habilidades propias de u profesional sistémico. Solo así conseguirán ver a la familia desde sus fortalezas, como un agente educativo más, no como el enemigo que juzga lo que hacemos. Para concretar más, dejo el enlace a un vídeo que es el introductorio de un curso on line que ofrezco en mi web:

 Creo que este modelo es totalmente extrapolable a la educación Primaria y la Secundaria. Se trata de adaptar los contenidos a los diferentes modelos de aprendizaje de nuestro alumnado con los medios con los que contemos. Los libros son un recurso más, pero no el único y ni mucho menos obligatorio. ¿Se imaginan la cantidad de recursos maravillosos que podríamos tener con lo que nos ahorraríamos en libros? Eso es un ejemplo, pero hay más.

Sencillamente es una cuestión de saber, de querer y de, como digo siempre, CREATIVIDAD.

#ungestocambiatuvida

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