HABLEMOS DE TU INDECISIÓN

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En el proceso de algunas terapias, trabajo la conexión entre emociones y personalidad.

Para ello utilizo, por una parte la App de nuestra invención (sin mi hermano Axel Claver que es el mejor programador del mundo, nunca hubiese visto la luz) Moodeler (www.moodeler.com) y por otra, un juego muy chulo que se llama los Miniyos. Aquí os cuento cómo lo hago: https://estherclaver.com/2020/04/01/trabajar-la-autoestima-con-moodeler-y-los-miniyos/

Pero ahora me quiero centrar en uno de los miniyos que más sale. Es decir, es un aspecto de la personalidad que muchas personas opinan que poseen: la indecisión. Dicen ser poco resolutivas, que les cuesta mucho tomar decisiones, desde las más simples, como elegir el color de la chaqueta que te vas a comprar, a las más complejas como dejar a la pareja o no.

A veces es algo patológico, como le pasó a el famoso Dámaso al que desafortunadamente se le salvó la vida (tenía un hierro atravesándole la cabeza por un accidente) pero su sistema prefrontal y su sistema límbico quedaron desconectados, lo que supuso que podía razonar perfectamente pero al no conectar con sus emociones, no podía tomar decisiones. Aquí tenéis la historia magníficamente contada por una estudiante de la UNED: https://youtu.be/Y85OfTdWFYI

Y es que razón y emoción han de conectar para poder tomar decisiones de una forma ponderada. Las emociones nos dan muchos datos que la razón, por sí sola, no alcanza a ver.

En casos menos extremos, la indecisión en el fondo, como dice Marina (2013), es un “fracaso de la inteligencia”. Es el miedo a equivocarte,  es preferir  “lo malo conocido”, es el miedo a la libertad que decía Erich Fromm…

Desde mi experiencia puedo deciros, que la causa de esta indecisión, si no proviene de un problema neurológico como el de Dámaso, proviene de temas relacionales, y normalmente del seno familiar. La desconfirmación (Linares, 2019) es una de las causas posibles. Aquí te lo explico mejor: https://youtu.be/s5czyj_dRlY. En resumen, tu indecisión puede venir de la convicción de que no vas a ser capaz de elegir de forma exitosa y eso te lleva a convencerte, una vez más, de lo mal que lo haces todo. Y eso es porque el estilo educativo de tus padres y personas significativas, quizá olvidó que las personas necesitamos que nos digan lo que hacemos bien y no solo lo que hace falta mejorar. Y también necesitamos que se confíe en nuestra capacidad para hacer las cosas y que nuestros fracasos se interpreten como errores subsanables y no como un rasgo permanente de nuestra personalidad. El “eres vago, inútil, tonto…” en vez de el “te ha salido mal, no pasa nada, qué has aprendido para hacerlo mejor la próxima vez”. O el “no te pongas así por todo” en vez del “entiendo tu enfado, qué podemos hacer para que se te pase”. O el olvidar el día de tu cumpleaños, pero no el de tus hermanos… mil ejemplos de pequeñas cosas, que una tras otra, van forjando tu personalidad y terminas siendo na persona insegura.

Y me diréis eso de ya, ya, Esther, vale, pero ¿y qué hago para superar esa indecisión?

Pues lo que he dicho al principio: conectar emoción con razón. Con mi técnica o con la que te dé la gana.  Para no acabar como Dámaso.

#ungestocambiatuvida

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