EL MENSAJE QUE NO RECUERDAS PERO MARCÓ TU VIDA

La autoestima no aparece de la nada. No es un rasgo fijo ni un regalo con el que se nace. La autoestima se construye, poco a poco, a través de las experiencias que vivimos y, sobre todo, a través de la manera en que las figuras significativas —madres, padres, cuidadores, docentes— se relacionan con nosotros en los primeros años de vida.

Cuando esas figuras muestran confianza en nuestras capacidades, reconocen nuestros puntos fuertes y nos acompañan con una mirada que valida y sostiene, están sembrando las bases de una salud mental sólida en la edad adulta.

Durante la infancia, no sabemos quiénes somos. Necesitamos que alguien nos lo muestre. Las figuras significativas actúan como un espejo emocional: a través de sus palabras, gestos y actitudes, el niño va construyendo una imagen interna de sí mismo.

  • Si ese espejo refleja confianza, el niño aprende: “soy capaz”.
  • Si refleja apoyo, aprende: “merezco ser querido”.
  • Si refleja interés, aprende: “lo que hago importa”.
  • Si refleja respeto, aprende: “tengo valor”.

Por el contrario, cuando el espejo devuelve críticas constantes, indiferencia o dudas sobre sus capacidades, el mensaje que se instala es muy distinto: “no soy suficiente”, “no puedo”, “algo en mí no está bien”.

Cuando un niño siente que los adultos creen en él, empieza a creer en sí mismo. Y esa creencia se convierte en un motor interno que lo acompañará toda la vida.

Cada niño tiene talentos, intereses y formas únicas de ver el mundo. Detectar esos puntos fuertes y potenciarlos no solo mejora su autoestima, sino que también favorece su desarrollo integral.

Fomentar los puntos fuertes implica:

  • Observar sin juicios.
  • Reconocer aquello que hace bien, aunque sea pequeño. RECORDAR QUE PARA CADA CRÍTICA POR ALGO QUE HA HECHO MAL, NECESITAMOS AL MENOS 7 VALIDACIONES PARA CONTRARRESTAR EL EFECTO NEGATIVO QUE PARA EL CEREBRO TIENE UN FRACASO.
  • Ofrecer oportunidades para practicar y crecer.
  • Evitar comparaciones con otros niños.
  • Celebrar la autenticidad, no solo el rendimiento.

Este enfoque fortalece la sensación de competencia y alimenta la motivación interna, dos pilares fundamentales para una salud mental equilibrada en la adultez.

Las personas que crecieron con adultos que confiaban en ellas suelen mostrar:

  • Mayor resiliencia ante la adversidad.
  • Relaciones más sanas y equilibradas.
  • Capacidad para poner límites.
  • Menor miedo al fracaso.
  • Mayor autonomía y seguridad personal.

Por el contrario, quienes crecieron con mensajes de desconfianza o crítica constante pueden arrastrar inseguridades, autoexigencia extrema, miedo al rechazo o dificultades para reconocer su propio valor.

La buena noticia es que la autoestima se puede reconstruir, pero el camino es mucho más sencillo cuando las bases se colocan desde la infancia.

Otra buena noticia es que no hace falta necesariamente que sean tus padres o profesores los que muestren confianza en tus posibilidades, puede ser alguien que pasa por tu vida en una etapa concreta, como un profesional de la salud mental o un amigo.

Esa es mi experiencia como psicoterapeuta: chavales que están en una etapa «rebelde», desnortados, muy muy censurados por su entorno tanto familiar como escolar con los que he trabajado día a día en mi consulta para que vayan viéndose tal como son y reforzando sus fortalezas, al final han salido adelante de forma espectacular. Podéis verlo en las reseñas de cuenta en Google.

Entradas relacionadas

MAMÁ ESTÁ ESTRESADA

Leo varios estudios de Universidades españolas que analizan las consecuencias que esta pandemia han tenido para los hogares y más concretamente para las mujeres. Estamos

Leer »