En este artículo explico, desde mi experiencia profesional y desde una perspectiva evolutiva, por qué hombres y mujeres no damos más o menos importancia al sexo, sino una importancia diferente. Exploro cómo nuestra filogenia, nuestra evolución psicológica y nuestras necesidades afectivas moldean la forma en que vivimos la intimidad.
Una mirada evolutiva a nuestras diferencias en el sexo
Cuando hablo con pacientes, amigos o lectores, suelo escuchar la misma frase: “Los hombres le dan más importancia al sexo que las mujeres”. Sin embargo, cuando analizo la evidencia científica y la experiencia clínica, llego siempre a la misma conclusión: no es que los hombres valoren más la sexualidad, sino que lo valoran de forma distinta.
Desde una perspectiva evolutiva, el hombre ha estado históricamente vinculado al mandato de perpetuar la especie, mientras que la mujer ha estado más orientada a mejorarla. Esta diferencia filogenética no es una opinión, sino un patrón ampliamente estudiado en psicología evolutiva (Buss, 2019). El instinto masculino tiende a buscar la continuidad, mientras que el femenino tiende a buscar la calidad y la seguridad del entorno donde esa continuidad se desarrollará.
En mi práctica profesional, observo que esta diferencia no implica mayor deseo en un género, sino motivaciones distintas. Lo que buscamos en la sexualidad no es idéntico, pero sí igual de importante.
El sexo como vía de aceptación en el hombre
Cuando trabajo con parejas, me encuentro con un patrón que se repite: el hombre utiliza el sexo como una vía de conexión emocional y de aceptación. No es solo placer, ni solo descarga, ni solo impulso. Es una forma de sentirse “en casa”.
En mis sesiones, muchos hombres expresan que cuando su pareja desea intimidad con ellos, sienten que todo está bien, que la relación funciona, que son valorados. Esta idea aparece también en investigaciones sobre satisfacción sexual y autoconcepto, como las que resumo en mi artículo Satisfacción sexual en la pareja .
El sexo, para ellos, es un lenguaje afectivo. No es el único, pero sí uno de los más directos.
Razones por las que el hombre vive el sexo como aceptación
- Validación emocional: el contacto íntimo confirma que su pareja lo desea.
- Seguridad vincular: la frecuencia sexual suele asociarse a estabilidad relacional.
- Regulación afectiva: el sexo funciona como un puente para reconectar tras conflictos.
- Sensación de pertenencia: la intimidad refuerza la idea de “somos un equipo”.
Estas razones no son universales, pero sí muy frecuentes en la clínica y en la literatura científica (Buss, 2019).
La mujer y el sexo como expresión de vínculo, no como hogar
En el caso de las mujeres, la importancia del sexo también es enorme, pero se expresa de otra manera. La mujer suele necesitar que el vínculo esté previamente asentado para que la intimidad fluya. No porque desee menos, sino porque su sistema emocional está más orientado a la seguridad del entorno afectivo.
En mi artículo Sexo – Esther Claver explico cómo las mujeres tienden a vincular el deseo con la calidad de la relación, la comunicación y la estabilidad emocional. Para ellas, el sexo es aceptación, sí, pero no necesariamente es el lugar donde se construye el hogar. El hogar emocional se construye antes, y el sexo llega como consecuencia.
Factores que influyen en la vivencia femenina del sexo
- Conexión emocional previa: la intimidad surge cuando el vínculo está nutrido.
- Contexto relacional: la calidad de la comunicación influye directamente en el deseo.
- Seguridad afectiva: sentirse protegida emocionalmente facilita la apertura sexual.
- Regulación del estrés: el estrés y la carga mental afectan más al deseo femenino.
Estos factores están ampliamente documentados en estudios sobre deseo sexual responsivo y espontáneo (Basson, 2001).
No es más importancia al sexo: es importancia diferente
Cuando comparo ambos patrones, llego siempre a la misma conclusión: no existe un género que valore más el sexo que el otro. Lo que existe es una diferencia en la función que el sexo cumple dentro del sistema emocional de cada uno.
- Para el hombre, el sexo es un punto de partida para sentirse aceptado y vinculado.
- Para la mujer, el sexo es una consecuencia de sentirse aceptada y vinculada.
Ambos caminos son igual de válidos y ambos son igual de importantes. El problema aparece cuando interpretamos estas diferencias como falta de interés, rechazo o incompatibilidad, cuando en realidad son solo dos formas complementarias de vivir la intimidad.
Cómo integrar estas diferencias en la vida en pareja
En terapia de pareja, suelo trabajar con estas diferencias para que no se conviertan en conflicto. Cuando cada miembro entiende la función que la sexualidad tiene para el otro, la relación se vuelve más empática y menos reactiva.
Claves para integrar estas diferencias en la concepción del sexo

- Hablar abiertamente del significado del sexo para cada uno.
- Evitar interpretar la diferencia como falta de amor o deseo.
- Construir espacios de intimidad que no dependan solo del impulso.
- Reconocer que ambos caminos llevan al mismo destino: conexión.
La comprensión mutua transforma la intimidad en un espacio compartido, no en un campo de batalla.
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Referencias (formato APA)
Basson, R. (2001). Human sex-response cycles. Journal of Sex & Marital Therapy, 27(1), 33–43.
Buss, D. M. (2019). Evolutionary psychology: The new science of the mind. Routledge.
Claver, E. (2022). Satisfacción sexual en la pareja. https://estherclaver.com






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