Las discusiones en pareja tienen una base neurológica
En todo esto de las discusiones el protagonismo lo tienen las emociones. Son automáticas, involuntarias y se nos van de las manos si no somos conscientes de su existencia independiente de la razón. Y como sabemos, la EMOCIÓN LE PUEDE A LA RAZÓN. Las emociones más implicadas en una discusión de pareja son la rabia y el miedo.
Aquí telo explico mejor:
La emoción suele imponerse a la razón porque, en el instante en que sentimos, se activa una fuerza primaria que antecede a cualquier cálculo lógico. Aunque la mente analítica intenta ordenar el mundo mediante argumentos y evidencias, el cuerpo reacciona antes: late, tiembla, se acelera. Esa inmediatez convierte a la emoción en un motor decisivo, capaz de orientar decisiones incluso cuando creemos estar actuando desde la racionalidad. La neurociencia muestra que el sistema límbico —núcleo de nuestras emociones— procesa la información más rápido que la corteza prefrontal, donde reside la razón.
Por eso, cuando enfrentamos discusiones, la primera respuesta no es un argumento, sino una sensación. La razón puede analizar, pero la emoción moviliza. Puede que la lógica nos diga que algo es conveniente, pero si no sentimos que lo es, difícilmente actuaremos. En la vida cotidiana lo vemos con claridad: elegimos relaciones, proyectos o caminos no por su eficiencia, sino por la vibración íntima que nos generan. Incluso en contextos profesionales, donde se presume objetividad, la confianza, la intuición y el miedo influyen más de lo que admitimos.
Defender que la emoción le gana a la razón no implica despreciar el pensamiento crítico, sino reconocer que la racionalidad sin afecto se vuelve estéril, desconectada de la experiencia humana. La emoción aporta dirección, sentido y energía; la razón, estructura y coherencia. Pero cuando ambas compiten, la emoción suele tomar el mando porque es la que nos recuerda quiénes somos, qué nos importa y hacia dónde queremos ir. En última instancia, sentir es la forma más auténtica de pensar.
Por otro lado, en las discusiones de pareja se entra en una especie de círculo vicioso en escalada que a veces se nos va de las manos y no sabemos muy bien cómo resolverlo.
Funciona así:
Cada uno tiene una especie de “detonante” de la rabia y otro del miedo. Ej.: él no soporta los reproches, ella no soporta que le griten (esos son los de la rabia). El teme el abandono, ella a sentirse menospreciada (los del miedo)
Por ejemplo, las discusiones son a veces porque él ha olvidado levantarse por la mañana para acompañarla al médico.
Así funciona el primer detonante de las discusiones :
Ella reprocha su acción y ante sus excusas, enfadada, le reprocha algo del pasado.
Él le grita (su detonante de la rabia)
Ella se va
Así se pasa al segundo detonante:
Ella se va
El entra en crisis de culpa y miedo
Ella vuelve al sentirse otra vez apreciada, por lo que vuelve
Y vuelta a empezar
¿Cómo “cortar” ese círculo?
El primer paso es darse cuenta de lo que está pasando. Encontrar vuestros “detonantes”. Es un trabajo individual. Para ello te puede ayudar nuestra Appweb MOODELER, aunque te tiene que dar de alta tu terapeuta (https://estherclaver.com/moodeler/)
Una vez dado el primer paso, que te puede llevar un tiempo, hay que comunicarle a tu pareja cuál es el tuyo. Por ejemplo, en el caso anterior, él le puede decir a ella que cada vez que le reprocha algo le asalta la furia y ella a él que su furia a ella le hace huir.
Dicho esto, pasamos al tercer paso: llegar a acuerdos. En el caso anterior, ella puede pedirle a él que no le grite y él a ella que por favor, no le reproche cosas del pasado.
Y por último, existe un trabajo interior que cada uno, al darse cuenta de su detonante y del de la otra parte, decida que no va a dejar que esa emoción pueda con su conducta y le lleve a comportarse de forma que al final algo que es una tontería termine mal.
¿Y cómo? Pues hay técnicas. La más sencilla que es que pienses en tu emoción mientras respiras. Son unos segundos que pueden evitar una explosión de ira. En nuestro caso, él, antes de echar el grito debe respirar y pensar, por ejemplo, “no lo hace para hacerme daño, lo hace porque se siente menospreciada” y ella, antes del reproche debe pensar “ha sido un despiste, no es que no me quiera o no me valore”.
También sería necesario trabajar vuestra forma de comunicaros. Para eso tengo una pildorilla muy chula con consejos generales: https://youtu.be/Sc0z9PT8aRI y un tutorial de entrenamiento en comunicación que os será muy útil: https://youtu.be/NM2rk5xixls
Hay más técnicas pero ya sería enrollarme mucho. Las metodologías se adaptan a las personas.
¿Cuándo empezáis vuestro entrenamiento?
#ungestocambiatuvida





