La responsabilidad afectiva como eje común en la terapia de pareja
Desde hace años, en mi trabajo como psicóloga, he visto cómo las discusiones en pareja siguen casi siempre un patrón que se repite. Un círculo vicioso que, cuando no se comprende, parece inevitable. Por eso decidí grabar aquel vídeo y escribir el artículo: porque necesitaba explicar de forma clara que, en realidad, lo que domina las discusiones no es la razón, sino la emoción. Y que la emoción, cuando se activa, nos arrastra sin pedir permiso.
QUÉ ES LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA
La responsabilidad afectiva consiste en hacernos cargo de forma individual de nuestros sentimientos, necesidades y deseos, así como también poder comunicarlo a las personas con las que nos relacionamos. Además también consiste en poder atender y escuchar de qué manera afectan nuestros sentimientos y acciones a las demás personas. La parte más importante de la responsabilidad afectiva es la que tiene que ver con nosotros mismos. Hacernos cargo de nuestros sentimientos significa primero darnos cuenta de qué es lo que estamos sintiendo, segundo poder ponerle nombre a lo que sentimos y tercero ver que necesitamos hacer para gestionar ese sentimiento.
LA RESPONSABILIDAD AFECTIVA SE PUEDE ENTRENAR
1. Darnos cuenta de lo que sentimos
2. Responsabilizarnos de lo que sentimos
Para poder conseguir hasta aquí, te recomiendo que revises detenidamente este vídeo donde hablo del círculo vicioso en las discusiones en pareja. Te servirá para cualquier tipo de relación.
He aprendido que las dos emociones que más protagonismo tienen en estos conflictos son la rabia y el miedo. Cada miembro de la pareja tiene sus propios detonantes, casi automáticos, que activan una u otra. Él puede detestar los reproches; ella puede no soportar que le griten. Él puede temer el abandono; ella puede sentir pánico a ser menospreciada. Cuando estos detonantes se encienden, la discusión deja de ser sobre “lo que ha pasado” y se convierte en una lucha emocional que ninguno controla.
Recuerdo el ejemplo que puse en el artículo: él olvida levantarse para acompañarla al médico. Ella, dolida, reprocha. Él se defiende, ella añade reproches del pasado. Él grita. Ella se va. Él entra en pánico y culpa. Ella vuelve al sentirse valorada. Y vuelta a empezar. Lo he visto tantas veces que ya puedo anticipar cada paso.
Por eso insisto tanto en que el primer paso para cortar este círculo es darse cuenta. Identificar los detonantes propios. Es un trabajo individual, profundo, y a veces incómodo. Pero cuando uno reconoce qué emoción se activa y por qué, empieza a recuperar el control. Después viene comunicarlo a la pareja: decir “cuando me reprochas cosas del pasado, siento furia” o “cuando me gritas, me invade el miedo y necesito huir”. Ese momento suele ser revelador.
El tercer paso es llegar a acuerdos concretos. No gritar. No reprochar el pasado. No interpretar desde el miedo. Y finalmente, el trabajo interior: decidir conscientemente que la emoción no va a dirigir la conducta. Respirar antes de responder. Pensar “no lo hace para herirme” o “esto es un despiste, no falta de amor”. Son segundos que cambian el rumbo de una discusión entera.
En el vídeo compartí técnicas de comunicación y en el artículo recomendé recursos como Moodeler para identificar detonantes. Porque sé que, cuando una pareja entiende este círculo, puede empezar a transformarlo
3. Comunica lo que sientes
Estos son los errores más comunes que cometemos:
- No hablar. Hay parejas que no hablan. Detrás del silencio suele haber dos emociones: el miedo o el aburrimiento. O tengo miedo de tu reacción si abro la boca, o no tengo nada más que decir. Sólo hablamos cuando hay rabia.
- La desconfirmación involuntaria (me he inventado el término). Si no nos referimos a la emoción que hay detrás de lo que decimos, corremos el riesgo de que el otro se ponga a la defensiva. Por ejemplo. Cuando nuestra pareja nos cuenta un problema en el trabajo y le queremos quitar hierro diciéndole que no es para tanto, le estamos deconfirmando en sus emociones, lo que hace que se ponga inmediatamente a la defensiva. Sin embargo, si lo que hacemos es decirle lo poco que nos gusta verle preocupado y le acompañamos en su propia emoción, no hay conflicto posible. Esto sirve para cualquier tipo de relación. Esto nos es más fácil a las mujeres, como explico aquí: https://estherclaver.com/2020/07/27/por-que-muchos-hombres-no-hablan-de-sus-emociones/
- Las malas interpretaciones. Eso nos pasa continuamente, tanto en la comunicación oral como, y mucho más, en la escrita. ¿Cuántas parejas han cortado por culpa de una conversación de WhatsApp?. Y no os llevéis a engaño, que esto, lejos de mejorar, empeora con el tiempo. Cuanto más tiempo llevéis juntos, más oportunidades de que tu cerebro te dé una respuesta errónea ante lo que el otro dice. Para evitar esto, yo tengo un ejercicio muy chulo que os muestro aquí: https://youtu.be/NM2rk5xixls
En eso de la comunicación hay muchos factores que influyen, a parte de los emocionales. Están las diferencias de género, tal y como digo más arriba y también hay diferencias culturales y educativas.
4. Escucha de forma activa lo que los demás sienten. Aquí te dejo un entrenamiento que te vendrá bien para conseguir esto.
Te sugiero que pidas consejo a través de cualquiera de las modalidades que te ofrezco:
Terapia On line por videollamada
En todas ellas vas a tener la atención personalizada y 24 horas que necesitas. Así: Psicóloga 24 horas: las ventajas de tenerme disponible siempre que me necesitas – Esther Claver
#ungestocambiatuvida





