En los últimos años, tanto en España como en otros países occidentales, se ha extendido una tendencia preocupante: la medicalización automática de cualquier malestar psicológico, tanto en niños como en adultos. Madres, padres y familiares acuden a consulta con una idea fija: “si se droga, que le mediquen; si se porta mal, que le mediquen; si está triste, que le mediquen; si no obedece, que le mediquen”. Esta visión reduccionista del sufrimiento humano conduce a un error grave: creer que la medicación psiquiátrica resuelve los problemas psicológicos, cuando en realidad solo palía síntomas.
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